nota sandra26jul

La ex-tranca de Río Seco está situada en el borde de la ciudad de El Alto. La zona es un centro comercial con ferias que crecen cada vez más, y la frontera de la ciudad de El Alto con el área rural se difumina en la inmensidad del Altiplano. Río Seco recibe a personas migrantes de la franja del Lago Titicaca, los valles interandinos e incluso del trópico paceño. Cada día más personas se ven presionadas a buscar nuevas oportunidades laborales y de formación, dejando sus comunidades y enfrentando la vida en la ciudad. Éste es el espacio en el que se ubica la Fundación Machaqa Amawta con un programa que promueve el empoderamiento de las mujeres migrantes, a través de talleres para el emprendimiento productivo, autocuidado y comunidades de interaprendizaje.
Al llegar a El Alto, la vida cambia de manera drástica. Las largas avenidas y las calles en serie, hacen de la orientación un desafío. Los gastos de alquiler, comida y pasajes son mayores que en la comunidad. ¿De qué vivir en la ciudad? Los hombres buscan trabajo como obreros, albañiles, choferes o lo que sea "para que alcance"; pero casi nunca alcanza. Entonces, hay que priorizar la satisfacción de necesidades. En ese caso, la educación de las hijas casi nunca es una prioridad en el núcleo familiar, sobre todo si se ve en perspectiva: si el "destino" de las mujeres es casarse y ser amas de casas, "no vale la pena" invertir en su educación. Para las madres, sin embargo, es importante que su vida no se repita en la de sus hijas, por ello, buscan capacitarse, empoderarse y generar más ingresos para ellas (sus hijas).
La distribución de tareas, que en el campo gira en torno a la agropecuaria, se acentúa en la ciudad. El hombre busca trabajo fuera de la casa. A las mujeres se les permite realizar trabajos fuera del hogar como la venta en la calle, sólo en casos extremos. Muy pocas mujeres se sienten realizadas con las tareas domésticas y el cuidado de las wawas. Fuera de su contexto comunal, solas en el caos hostil y anónimo de la ciudad, la autoestima y la fe no aguantan por mucho tiempo. El panorama empeora si, además, enfrentan situaciones de violencia intrafamiliar, sin redes de apoyo y de confianza con pares o familiares.
El centro de capacitación de Fundación Machaqa Amawta en Río Seco acoge a mujeres que, en primera instancia, tienen la necesidad e inquietud de aprender alguna técnica como gastronomía, repostería, corte y confección, tejido o joyería, con la visión de generar ingresos familiares que vayan, sobre todo, a mejorar la calidad de vida de sus hijas e hijos. Mas, lo que se ofrece es un espacio seguro, en el que pueden respirar, reír y crecer libres.
La primera consigna es "no estás sola", "tienes derecho a ser feliz, a vivir en un ambiente libre de violencia y a no sentirte culpable por ello", "eres protagonista en la transformación de tu vida y, por ende, puedes tomar decisiones sobre ella". Muchas mujeres en esta ciudad enfrentan los mismos problemas, obstáculos y viven en círculos de violencia tóxicos. En el centro no se las limita, se las reconoce con sus capacidades, no se las violenta y forman comunidades de autoayuda. Todo eso pasa casi de forma inadvertida, mientras hornean tortas, cosen polleras, hacen joyas o tejen chompas.
Dejaron su comunidad y encontraron otra en el centro de capacitación de Fundación Machaqa Amawta. Alguien las escucha y en alguien pueden confiar. No hay límite de edad para aprender y seguir soñando. A medio camino se dan cuenta que lo mejor que pueden hacer para sus hijas no es sólo brindarles soporte económico, lo mejor para sus hijas es ver a sus madres empoderadas y sonrientes.
Este programa tiene el apoyo de la Asociación Suiza de Mujeres Católicas.