Ante la pobreza multidimensional, la crisis ambiental, la crisis económica, la crisis alimentaria y la crisis sanitaria, adquiere mayor importancia el trabajo de las mujeres rurales de la región de los valles interandinos del norte del departamento de La Paz, a pesar de que los efectos producidos por el cambio climático han causado un impacto negativo en la agricultura familiar campesina, en la producción agrícola, en la economía campesina, en la seguridad alimentaria y en la salud de las mujeres campesinas, la agricultura familiar campesina y comunitaria avanza sobre la base del trabajo multiple de la mujeres.

Los impactos negativos del cambio climático en la producción agropecuaria han puesto en desventaja a las mujeres rurales, que también se responsabilizan del hogar, la producción agricola, la función social y el cuidado familiar; sobre todo cuando los hombres van migrando temporalmente en busca de otras fuentes de ingresos. Efectos de variabilidad climática que contribuyen a una mayor vulnerabilidad de las mujeres campesinas, que históricamente han sufrido desigualdades de género, clase, raza y pobreza. De tal manera, la producción agropecuaria ha pasado a ser responsabilidad y liderizada por las mujeres, quienes han enfrentado las amenazas de riesgos como la sequía, heladas, granizadas e inundaciones, debido a los efectos del cambio climático.

Asímismo, las transformaciones rurales y agrarias han modificado el contexto rural en cuanto a la actividad agrícola de las mujeres, donde se manifiestan las tendencias de la permanente movilidad social rural urbano, la migración de mujeres jóvenes, la incursión de emprendimientos productivos y iniciativas económicas no agrícolas. A pesar de estas tendencias, la actividad agrícola sigue ocupando a la mayor parte de la población rural femenina, con mayor importancia en las unidades familiares. Es decir, que la economía rural agrícola campesina, a través de la pequeña agricultura familiar de producción y autoconsumo, concentra a la mayor cantidad de las mujeres rurales.

Por tanto, las mujeres cumplen un papel de vital importancia en la agricultura familiar campesinas, desarrollando actividades agropecuarias de producción, transformación y comercialización de productos, aunque a menor escala, sin abandonar sus actividades reproductivas, comunitarias y de cuidado, que han contribuido a la sostenibilidad de la vida y roles que históricamente han sido asignadas . No obstante, el cuatriple rol y el aporte de las mujeres todavía aparece como un trabajo no reconocido y no visibilizado por la sociedad y el Estado. Esta claro, que se destaca el reconomiento de las mujeres como protectoras de los recursos etretegicos naturales como el agua y su contribución a la seguridad con soberanía alimentaria. Será importante promover la corresponsabilidad de mujeres y hombres en el hogar y la familiar, social y pública, cambiando actitudes patriarcales y coloniales.

Por otro lado, la crisis alimentaria a nivel mundial, tiene como causa fundamental el modelo de producción agroindustrial capitalista. Modelo de producción agrícola, que se caracteriza por estar dominado por grandes empresas transnacionales que monopolizan la producción de los alimentos, la tenencia de la tierra, la utilización de semillas transgénicas, el monocultivo, la explotación intensiva y mecanizada de la tierra, la utilización de agrotóxicos que destruyen la madre naturaleza y que dominan toda la cadena productiva, desde la producción hasta la

comercialización, fomentando así la especulación de alimentos. La crisis ecológica, la crisis alimentaria, el cambio climático y la crisis economica, son parte de los graves impactos de este modelo de desarrollo depredador primario exportador, basado en la extracción de los recursos naturales, que constituyen la base de un crecimiento económico con desequilibrios que ponen en riesgo la vida del planeta que significa la vida misma, humana y de la naturaleza.

Es por esta razones, desde las comunidades se plantea la producción agroecológica en armonía con la madre tierra como una alternativa sostenible a la producción capitalista. Existen experiencias de mujeres agricultoras que han optado por practicar la agroecología como alternativa para lograr la sostenibilidad de la producción de alimentos para su familia y comunidad. En lo social y económico, la práctica de la agroecología ha contribuido a la autonomía económica de las mujeres organizadas y al reconocimiento de sus derechos. Así, las mujeres son las protagonistas principales del desarrollo de la producción agroecológica, que les permite generar recursos aún no suficientes para mantener a sus familias.

Actualmente, las mujeres campesinas participan en la producción, transformación y comercialización de productos en mercados y ferias locales. Las mujeres productoras tienen mucho conocimiento sobre los mecanismos de comercialización y economía solidaria, siendo parte activa de la diversificación productiva. Gradualmente, las mujeres se encuentran presentes en todos los eslabones de la cadena productiva, buscando generar ingresos propios y para su familia. Ingresos de actovidades agrícolas y no agrícolas, aunque la mayoría de las mujeres permanecen aun en la pequeña agricultura familiar campesina, pero con la tendencia creciente de constituir pequeños emprendimientos agrícolas y productivas, que constituyen la vida rural de las mujeres.

En consecuencia, reconocer la desigualdad de género es fundamental para entender las relaciones de poder en las zonas rurales, ya que determinan las condiciones de participación de hombres y mujeres en los espacios de toma de decisiones y en la construcción de un desarrollo rural sostenible. Por consiguiente, las relaciones sociales en el medio rural aún necesitan transformaciones fundamentales para garantizar la construcción democrática de la igualdad entre hombres y mujeres, para ello algunas de las vías de equidad de género son los modelos alternativos inspirados en el enfoque agroecológico.

Lo que conlleva al compromiso de seguir fortaleciendo las capacidades productivas de las mujeres campesinas en generar, gestionar e implementar políticas, planes, programas y proyectos locales sobre desarrollo rural, agricultura sostenible, seguridad y soberanía alimentaria nutricional, con enfoque de género y derechos de las mujeres, orientadas a mejorar la calidad de vida de las mujeres, para garantizar una vida libre de toda forma de violencia y discriminación, para el ejercicio pleno y efectivo de sus derechos políticos, sociales, económicos y culturales, en igualdad de oportunidades y condiciones equitativas entre mujeres y hombres, establecidos y reconocidos en la normativa internacional, Constitución y en otras leyes nacionales.

Lo que implica principalmente promover la organización de ferias productivas locales y regionales del productor al consumidor, apoyar la asociatividad de mujeres a nivel familiar y comunitaria en enmprendimientos productivos, dotar de infraestructura productiva y de

comercialización para mujeres emprendedoras, incentivar a la mujeres agricultoras en la recuperación de la diversidad promoviendo el liderazgo económico productivo de las mujeres.

Sin duda alguna, estamos ante la feminizacion del agro, con mayor presencia de mujeres en las actividades agrícolas, con mayor dedicación de horas de trabajo en la unidad familiar campesina, donde las mujeres van controlando los medios y sistemas de vida, con oportunidades para el empoderamiento de las mujeres en la participación y toma de decisiones en espacios comunitarios y en el surgimiento de liderazgos sociales y políticos.

Por estas razones, es necesario continuar con la reflexión y análisis sobre los efectos del cambio climático en las mujeres rurales, su aporte económico y revalorización del trabajo en el hogar, de su rol en el cuidado familiar, su contribución en la producción agroecológica y soberanía alimentaria, su participación en la cadena productiva y su participación en el desarrollo rural, a partir de la agenda política de las mujeres, en el marco de la autonomía económica de las mujeres campesinas.

Rubén Llusco Cortez

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